
Adiós a un genio: Lalo Schifrin, el compositor que marcó el ritmo del cine y la televisión
El músico argentino, creador de icónicas bandas sonoras como "Mission: Impossible", falleció a los 93 años en Los Ángeles, dejando un legado que trascendió géneros y generaciones.
El universo de la música está poblado por melodías que, con apenas unos compases, logran despertar recuerdos y emociones en millones de personas. Pero hay algunas que van más allá, aquellas que con solo un par de notas se graban a fuego en la memoria colectiva. En ese selecto grupo se encuentra "Mission: Impossible", una pieza magistral compuesta en 1966 por un argentino que, desde entonces, se convirtió en sinónimo de excelencia musical.
Boris Claudio Schifrin, conocido artísticamente como Lalo Schifrin, falleció el jueves en su residencia de Beverly Hills, a los 93 años. Con su partida, no solo se apaga una figura fundamental de la composición cinematográfica, sino que se cierra un capítulo irrepetible en la historia de la música.
Entre el jazz y el cine
Schifrin solía decir que "el cine es la ópera del siglo XX", una afirmación que reflejaba su profundo entendimiento de la relación entre imagen y sonido. En una entrevista concedida a este diario en 2020, explicó: "La actitud del compositor ante una película es similar a la que tuvieron Mozart o Verdi ante sus dramas. Se trata de encontrar el contrapunto perfecto entre lo que se ve y lo que se escucha".
Esa búsqueda de equilibrio no fue casual. Hijo de un primer violinista del Teatro Colón, Schifrin recibió una formación clásica bajo la tutela de maestros como Enrique Barenboim y Juan Carlos Paz. Sin embargo, su destino dio un giro inesperado cuando, a punto de recibirse de abogado, una beca en el Conservatorio de París lo llevó a Europa. Allí, entre las clases de Olivier Messiaen y las noches en clubes de jazz, forjó un estilo único que mezclaba erudición con improvisación.
De Buenos Aires a Hollywood
Su regreso a Argentina marcó otro hito. Durante una presentación en el club Rendez Vous, el trompetista Dizzy Gillespie quedó fascinado con su talento y lo invitó a sumarse a su banda en Estados Unidos. Schifrin no lo dudó: en el viaje hacia Nueva York compuso "Gillespiana", una suite que terminó de convencer al legendario jazzista de nombrarlo director musical.
A partir de entonces, su carrera en Hollywood fue imparable. Contratado por la Metro Goldwyn-Mayer, se destacó en bandas sonoras para series como El agente de Cipol y, sobre todo, Mission: Impossible, cuya melodía se convirtió en un fenómeno global. Su trabajo en La leyenda del indomable le valió la primera de seis nominaciones al Oscar, aunque nunca llegó a ganar el premio. La Academia, sin embargo, le otorgó un reconocimiento honorífico en 2018, en un gesto que rubricó su influencia en la industria.
Colaboraciones legendarias
Su nombre quedó ligado a figuras como Clint Eastwood, con quien forjó una amistad duradera. Fue el propio actor quien le entregó el Oscar honorífico, tras haber trabajado juntos en películas como Harry el Sucio y El botín de los valientes. También dejó su huella en cintas como Bullitt, *THX-1138* (el debut de George Lucas) y Operación Dragón, el último filme de Bruce Lee.
En televisión, su música acompañó éxitos como Starsky & Hutch y Centro médico, demostrando una versatilidad pocas veces vista. Con el tiempo, su obra trascendió el cine y el jazz, abarcando orquestaciones para Los Tres Tenores y colaboraciones con filarmónicas de todo el mundo.
Un legado imperecedero
Aunque acumuló premios Grammy, una estrella en el Paseo de la Fama y distinciones como la de Comandante de las Artes en Francia, Schifrin siempre mantuvo humildad. "Los premios son bienvenidos, pero lo importante es seguir aprendiendo", dijo en una ocasión.
Hoy, su música sigue sonando en películas, series y conciertos, prueba de que su arte no conoce fronteras ni épocas. El mundo del derecho quizás perdió un abogado, pero el cine y la música ganaron a un genio. Y eso, sin duda, es un motivo para celebrar.