
Ariel Farías: Tierra del Fuego fue la jurisdicción del país donde más cayó la producción
El sociólogo de la UNTDF señaló que la caída del Producto Bruto Geográfico ronda el 16% y advirtió que el deterioro golpea con mayor fuerza a Río Grande, con fuertes pérdidas de empleo en la industria y la construcción.
La caída de la actividad económica y del empleo en Tierra del Fuego comienza a producir transformaciones que van más allá del mercado laboral. El crecimiento de actividades informales, los cambios en los movimientos migratorios, una mayor demanda sobre las instituciones y las primeras señales de deterioro social forman parte de un escenario que, por su velocidad y profundidad, modifica características que durante décadas distinguieron a la provincia.
Así lo analizó Ariel Farías, sociólogo y magíster de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF), en diálogo con Guillermo Lacaze. Para explicar la magnitud del cambio, partió de una característica histórica de la provincia: sus altos ingresos laborales, una elevada proporción de empleo asalariado registrado y un crecimiento poblacional sostenido por un saldo migratorio positivo. "Ese punto del que venimos está teniendo modificaciones relevantes", advirtió.
Una caída cercana al 16% y un impacto mayor en Río Grande
Farías señaló que, desde fines de 2023, Tierra del Fuego registra la mayor caída relativa del Producto Bruto Geográfico del país. "No hay ningún otro lugar, ninguna otra jurisdicción del país en donde la torta de lo que se produce haya caído tanto. Nosotros caímos alrededor de un 16%", explicó.
El deterioro también aparece en el empleo asalariado registrado, donde la provincia se encuentra entre las jurisdicciones con mayores caídas relativas. Para el sociólogo, esto representa un cambio "muy repentino y muy drástico" en las condiciones de inserción laboral, que posteriormente repercute sobre las condiciones de vida.
Sin embargo, el impacto no se distribuye de manera uniforme. Farías identificó tres grandes motores de la actividad privada fueguina: turismo, industria manufacturera y producción de gas y petróleo, a los que se vinculan sectores como la construcción y el comercio.
La mayor retracción se produjo en la industria manufacturera, particularmente en la electrónica, donde los puestos de trabajo cayeron más de un 30% de acuerdo con los últimos datos mencionados por el especialista. "Yo creo que en los últimos meses eso incluso se deterioró más", agregó. En la construcción, la caída también ronda el 30%, mientras que el turismo logró sostener mejor sus niveles de empleo.
El sector de gas y petróleo también perdió puestos de trabajo. Aunque emplea a una cantidad menor de personas, Farías remarcó que se trata de salarios elevados y que, por lo tanto, la retracción tiene consecuencias importantes sobre el consumo. El resultado general, sostuvo, es una fuerte caída de la masa salarial.
Ese comportamiento explica parte de la diferencia territorial: "el norte de la isla, que es a su vez el lugar donde más población hay, pierde mucho más que el sur", señaló.
El crecimiento de la informalidad y un cambio en la estructura social
Para analizar las posibles consecuencias de una caída tan abrupta, Farías recurrió a experiencias históricas de ciudades que atravesaron transformaciones similares, particularmente localidades petroleras afectadas durante la década de 1990 por la privatización de YPF, como Cutral Có, Plaza Huincul y Tartagal.
La comparación resulta relevante porque, según explicó, Río Grande partía de niveles relativamente altos de empleo formal, ingresos y protección laboral, pero no posee redes informales tan desarrolladas como las existentes en otras regiones del país.
"No es cualquier caída", definió. A diferencia de territorios donde históricamente existe una estructura consolidada de mercados informales y redes de subsistencia —como la Salada o la Feria de Solano en el Gran Buenos Aires—, en Río Grande esos entramados no tienen la misma densidad.
Sin embargo, comienzan a aparecer señales de una transformación. Farías mencionó el aumento de la venta ambulante, las ferias y nuevos formatos de comercialización como formas de reemplazar precariamente los ingresos provenientes del empleo formal.
Esas actividades, advirtió, "nunca pueden tapar ese agujero que deja la retracción del empleo formal". Desde una perspectiva sociológica, explicó que los deterioros abruptos pueden generar procesos de desestructuración social e institucional más intensos que aquellos producidos por una decadencia económica gradual y, en algunos casos, derivar en mayores niveles de conflictividad.
"Es la primera vez que se van y no que vienen"
Otro de los cambios analizados durante la entrevista fue el comportamiento migratorio. Tierra del Fuego sostuvo durante casi cinco décadas un fuerte crecimiento poblacional asociado, entre otros factores, a sus oportunidades laborales.
Ante la consulta sobre si el fenómeno actual representa una novedad para la provincia, Farías respondió: "sí, sí. Es la primera vez que se van y no que vienen".
El especialista explicó que algunos datos provenientes del Renaper y otros indicadores muestran un importante amesetamiento del proceso de crecimiento poblacional y señales de retracción en la coyuntura actual.
Farías aclaró, no obstante, que Tierra del Fuego históricamente ha reaccionado con mayor intensidad a los distintos ciclos económicos. Según explicó, la provincia tiende a funcionar mejor cuando se fortalece el mercado interno y sufre especialmente frente a modelos de apertura económica.
Más demanda social y menos recursos para responder
La crisis económica también repercute sobre las instituciones. Farías señaló que tanto la Provincia como el Municipio de Río Grande se encuentran entre los que más recursos perdieron en términos de recaudación fiscal, precisamente en un momento en que aumenta la demanda social.
Se produce así un círculo complejo: las instituciones son más necesarias al mismo tiempo que disminuye su capacidad de respuesta. "Hay más demanda y las posibilidades de satisfacer esa demanda son mucho menores", explicó.
En esos contextos, agregó, suelen adquirir mayor relevancia las organizaciones de la sociedad civil, iglesias y otras redes vinculadas con la asistencia. También puede aumentar el acercamiento a instituciones como la universidad ante la reducción de las oportunidades laborales.
Farías introdujo, sin embargo, una cautela sobre el diagnóstico. El proceso actual es muy intenso, pero todavía relativamente corto en términos históricos: lleva alrededor de dos años y medio o tres. La experiencia fueguina muestra que, frente a cambios en los ciclos económicos nacionales, algunas variables pueden volver a acomodarse o al menos detener su caída.
El futuro depende en gran medida del mercado interno
Al proyectar posibles escenarios, Farías consideró que una recuperación vinculada con un nuevo ciclo económico nacional que vuelva a fortalecer el mercado interno podría permitir una recomposición. De no producirse ese cambio, advirtió que habría que comenzar a pensar en una reconfiguración más estructural del mercado laboral, los niveles de bienestar y las propias instituciones fueguinas.
También remarcó la dificultad de encontrar una salida exclusivamente provincial. Las provincias, explicó, necesitan al Estado nacional como socio frente a crisis de esta magnitud, pero consideró difícil esperar una asistencia sostenida con la orientación actual del Gobierno nacional.
Como antecedente, recordó la fuerte caída registrada entre 2016 y 2019 y la posterior recuperación de algunas variables, aunque sin regresar a los niveles alcanzados durante el ciclo expansivo de 2009 a 2015.
"Si no hay un giro mercado internista, por lo menos moderado, la estructura productiva de Tierra del Fuego se ve muy resentida", afirmó. Y sintetizó una de las principales dificultades del escenario actual: "no hay una salida que localmente se pueda resolver fácilmente y en el corto plazo".
El aporte de la universidad frente a la crisis
Consultado sobre el rol de la UNTDF ante este escenario, Farías destacó que la universidad busca hacer un aporte también en términos productivos. Mencionó como ejemplo la nueva carrera de ingeniería en agroecología, creada hace poco más de un año en Río Grande, "con un objetivo de producir cuadros para el proceso de sustitución de importaciones de alimentos, que me parece que es importante para nuestra ciudad".
Conflictividad y primeras señales de deterioro social
Sobre la capacidad de respuesta de la sociedad fueguina, Farías recordó que Tierra del Fuego históricamente registra niveles de conflictividad laboral superiores al promedio nacional. Sin embargo, señaló que cuando el empleo se retrae con tanta fuerza también disminuye la capacidad de las organizaciones sindicales.
Al mismo tiempo, destacó que las movilizaciones relacionadas con la industria suelen recibir un acompañamiento que excede a los propios trabajadores fabriles. "La comunidad riograndense se da cuenta que esos puestos de trabajo repercuten en toda su estructura y en general lo apoya", explicó. El problema, agregó, es que muchas de las decisiones que afectan a la actividad no se toman en la ciudad ni en la provincia.
Finalmente, mencionó algunas señales que comienzan a hacerse visibles: personas en situación de calle, mayor presencia de actividades de subsistencia y más personas en los semáforos, además de posibles efectos sobre la salud mental y situaciones de delitos menores.
Sobre estos últimos fenómenos, Farías evitó establecer conclusiones definitivas. Señaló que será necesario observar cómo evolucionan y construir evidencia que permita diagnosticar con mayor precisión el alcance de esos procesos.