
Casi 7 de cada 10 argentinos desconfían de los índices oficiales de inflación
Una encuesta de la consultora Zentrix revela que el 67,4 % de los argentinos considera que las cifras difundidas por el INDEC no reflejan el verdadero impacto del aumento en el costo de vida. A esto se suma un fuerte malestar personal: el 40,5 % califica su situación económica como “mala o muy mala”, pese a una leve mejora respecto a julio.
Desconexión entre las cifras oficiales y la vida cotidiana
Un reciente informe de la consultora Zentrix, basado en datos relevados durante la tercera semana de agosto, expone una fuerte brecha entre las estadísticas oficiales de inflación y la percepción que tienen los ciudadanos sobre su realidad económica.
Según el estudio, el 67,4 % de los encuestados sostiene que los datos difundidos por el INDEC no reflejan fielmente el aumento real del costo de vida. Esta cifra representa un salto de 10,7 puntos porcentuales respecto a julio, lo que indica un crecimiento sostenido del escepticismo social frente a los datos oficiales.
En contraposición, solo el 20,1 % confía en que los indicadores del organismo estadístico representan con precisión la evolución de los precios, mientras que un 12,5 % optó por no responder.
Situación económica personal: entre la resignación y el pesimismo
Además de la desconfianza hacia las cifras oficiales, el informe revela que el 40,5 % de los encuestados considera que su situación económica personal es “mala o muy mala”. Si bien este dato representa una leve mejora de 2,1 puntos en comparación con el mes anterior, el balance sigue siendo claramente negativo.
En tanto, un 39,4 % define su situación como “regular”, y apenas el 20,1 % la evalúa como “buena o muy buena”.
Una señal política y económica
Los resultados de la encuesta no solo reflejan malestar económico, sino también una creciente sensación de desconexión entre los discursos gubernamentales y la experiencia concreta de la población. En un contexto donde los alimentos, el transporte y los servicios siguen registrando subas, la sensación de que “la plata no alcanza” se impone sobre cualquier dato técnico.
La credibilidad en los organismos oficiales, especialmente en temas tan sensibles como la inflación, parece estar cada vez más erosionada. Y eso, más allá de los números, puede tener consecuencias profundas en la legitimidad política y en la confianza social.