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Crisis en el Hospital Garrahan: Trabajadores Anuncian Nuevas Medidas de Fuerza ante la Falta de Diálogo del Gobierno

Mientras las autoridades insisten en que el nosocomio funciona con "normalidad", el personal denuncia despidos, salarios en caída y un vaciamiento progresivo.

Crisis en el Hospital Garrahan: Trabajadores Anuncian Nuevas Medidas de Fuerza ante la Falta de Diálogo del Gobierno

Mientras las autoridades insisten en que el nosocomio funciona con "normalidad", el personal denuncia despidos, salarios en caída y un vaciamiento progresivo.

El conflicto en el Hospital Garrahan parece lejos de encontrar una solución. Frente a los recientes ataques del gobierno de Javier Milei y de las propias autoridades del centro pediátrico, las y los trabajadores advirtieron que intensificarán las medidas de protesta debido a la ausencia de respuestas por parte de la administración libertaria. Exigen, además, que el Ejecutivo habilite "espacios genuinos de diálogo" y abandone lo que califican como una "negativa sistemática a negociar" con los residentes y empleados.

“Quisiéramos estar compartiendo logros, como un trasplante exitoso o la recuperación de un niño con cáncer. Pero, una vez más, debemos denunciar que el Garrahan enfrenta una crisis grave, persistente y en constante agravamiento”, expresaron en un comunicado difundido este viernes a través de redes sociales. El mensaje, dirigido a “toda la ciudadanía argentina”, refleja la frustración de un sector que se siente ignorado.

Desde la cuenta oficial del hospital, las autoridades emitieron un contundente descargo, asegurando que la institución opera con “total normalidad” y rechazando lo que denominaron “intentos de politización” para crear un “clima artificial de conflicto”. Insistieron en que atraviesan una fase de “orden, eficiencia y transformación”, con el objetivo de “optimizar la atención médica infantil”.

Sin embargo, la Junta Interna de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE Garrahan) respondió con dureza, calificando esas declaraciones como “propias de cínicos o incompetentes”. Señalaron que resulta difícil aceptar el discurso oficial cuando, en la misma semana, se registró un paro de 48 horas, la renuncia de Soraya El Kik —presidenta del Consejo de Administración— y masivas asambleas de empleados.

La Renuncia que Agudizó el Conflicto

Alejandro Lipcovich, representante de ATE Garrahan, reveló que el personal fue convocado a dos reuniones en la Secretaría de Trabajo para discutir el conflicto. En la primera, celebrada el 4 de junio, no se presentó ningún miembro del Consejo de Administración; en la segunda, realizada el 12 de junio, la ausencia fue total: ni funcionarios del hospital, ni del Ministerio de Salud, ni de Economía asistieron. Fue en ese contexto que se informó la dimisión de El Kik.

Gerardo Oroz, secretario adjunto del gremio, detalló que la ahora exfuncionaria justificó su salida con una licencia médica, interpretada por los trabajadores como el preludio de su retiro definitivo. “Solicitamos una reunión urgente con Mariel Sánchez, su supuesta reemplazante, pero ni siquiera obtuvimos respuesta”, denunció. Peor aún: según Oroz, Sánchez abandonó a la mitad de un encuentro con jefes de área, alegando que “no había condiciones para el diálogo”.

El Doble Discurso de las Autoridades

Norma Lezana, secretaria general de la Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT) del Garrahan, recordó que en agosto de 2023, Roberto Dalmazzo —actual director administrativo— admitió que el hospital sufría “la peor crisis de su historia” y validó los reclamos salariales. También reconoció una fuga masiva de profesionales en los últimos meses, superior a la registrada en la última década.

“Resulta inverosímil que estos mismos funcionarios, designados a dedo, ahora nieguen la realidad que ellos mismos expusieron”, criticó Lezana. Y remarcó: “Contamos con un respaldo social sin precedentes, incluyendo pronunciamientos de la Iglesia y del Congreso. Hasta la base que votó a Milei rechaza el vaciamiento del Garrahan. La solución es simple: recomponer los salarios sin más dilaciones”.

Mientras el gobierno insiste en desestimar el conflicto, los trabajadores preparan nuevas acciones. La pregunta que flota en el aire es cuánto más deberá deteriorarse la situación antes de que alguien, en las altas esferas, decida escuchar.

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