
Crisis global sin freno: el gobierno de Milei paralizado ante la tormenta financiera y la caída de reservas
La administración libertaria enfrenta su momento más crítico desde el inicio de la gestión. El colapso de los mercados internacionales, la suba de los dólares financieros, el salto del Riesgo País.
La tormenta financiera internacional golpea con fuerza a la Argentina y paraliza al Gobierno
La administración liderada por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, quedó este lunes en un estado de parálisis frente al agravamiento del escenario financiero global. La turbulencia internacional, desatada por la ofensiva arancelaria de Donald Trump, encontró a la Argentina en una situación de extrema fragilidad, generando un combo explosivo: disparada de los dólares financieros, escalada del Riesgo País y una pérdida estrepitosa de las reservas del Banco Central.
Mientras los mercados globales registraban su tercera jornada negra consecutiva, en el país el dólar MEP trepaba a los $1.362, el Contado con Liquidación (CCL) a $1.361 y el dólar blue a $1.345, marcando nuevos máximos nominales. Paralelamente, el índice Merval medido en dólares caía un 3%, con desplomes de hasta el 7,7% en acciones como Transportadora de Gas del Sur. Los bonos soberanos en moneda extranjera retrocedían entre un 2% y un 3%, lo que empujaba al Riesgo País a los 960 puntos básicos, su nivel más elevado desde octubre de 2024.
Reservas en picada: se evaporó el 25% en tres meses
Uno de los datos más alarmantes del día fue el nivel de reservas internacionales del BCRA, que cayó a US$24.791 millones, perforando el piso alcanzado durante la crisis de julio de 2025. Desde el máximo de US$32.903 millones alcanzado en enero, previo al pago de intereses de la deuda, la caída ya acumula US$8.112 millones, una merma del 25% en apenas tres meses.
Si se consideran las reservas netas, descontando los compromisos de corto plazo, el stock real oscila entre US$7.200 y US$12.000 millones, un nivel que comienza a generar preocupación entre los analistas del mercado. El deterioro se profundizó tras el pedido público de Mauricio Claver-Carone –exfuncionario clave del gobierno de Trump– para que la Argentina cancele el swap de monedas con China antes de recibir nuevos desembolsos del FMI, lo que enrareció aún más el clima financiero.
En el mercado ya se especula con que el Gobierno podrá afrontar los pagos de los cupones de deuda de julio (Bonar y Globales), pero que tendría enormes dificultades para reunir los dólares necesarios para los vencimientos de enero de 2026. En ese marco, algunos economistas advierten sobre una posible “corrida dolarizadora” que podría acelerarse mucho antes de las elecciones generales de octubre.
Milei y Caputo: silencio oficial ante la tormenta
A pesar de la magnitud del derrumbe bursátil, que ya supera incluso a las peores jornadas de la pandemia, el equipo económico permaneció en silencio. El único pronunciamiento en redes sociales fue el del ministro Luis Caputo, quien días atrás publicó un posteo en tono festivo: “Rockstar total nuestro presidente Javier Milei”, justo antes del desplante de Donald Trump, quien se negó a mostrarse públicamente con el mandatario argentino durante un encuentro reciente.
La ausencia de una señal clara por parte del Ejecutivo, en un contexto de máxima volatilidad, contribuyó a aumentar la desconfianza en los mercados. Economistas de distintos espacios coinciden en que el Gobierno se muestra desorientado y sin una hoja de ruta clara para enfrentar la creciente vulnerabilidad macroeconómica.
Guerra comercial y guerra de monedas: el origen del caos
El epicentro de la actual crisis internacional fue la decisión de Donald Trump de implementar aranceles generalizados a productos de múltiples países, con el objetivo de reducir el déficit comercial de Estados Unidos. La respuesta no tardó en llegar: China replicó con medidas equivalentes, mientras que la Unión Europea ya anticipó que aplicará una estrategia similar.
Lo que comenzó como una batalla arancelaria se está transformando en una guerra cambiaria. Para no perder competitividad y enfrentar la salida de capitales, muchos países optaron por dejar depreciar sus monedas. El real brasileño se devaluó un 1,1% en un solo día, mientras que el yuan retrocedió un 0,35%. Esta dinámica impacta directamente sobre la economía argentina, que pierde terreno frente a sus principales socios comerciales.
Déficits comerciales crecientes con Brasil y China
En este contexto, el intercambio comercial con Brasil muestra cifras preocupantes. En marzo, las exportaciones argentinas al país vecino cayeron un 17,5% interanual, mientras que las importaciones brasileñas aumentaron un 43,3%, alcanzando los US$1.586 millones. El saldo comercial fue deficitario en US$580 millones, acumulando un rojo de US$1.291 millones en el primer trimestre del año, frente a los US$76 millones del mismo período de 2024.
El deterioro también se observa en la relación con China, el segundo socio comercial del país. En febrero, el déficit fue de US$1.118 millones, con exportaciones en caída del 6% e importaciones disparadas en un 104%. En ambos casos, el desbalance comercial refleja la creciente primarización de la economía argentina: se exportan materias primas mientras se importa valor agregado, particularmente en el sector automotor y energético.
¿Y ahora qué? Un panorama incierto y sin respuestas
Con un Banco Central debilitado, reservas al límite y sin señales concretas del Gobierno, el escenario financiero amenaza con trasladarse con fuerza a la economía real. La pérdida de competitividad, el encarecimiento del crédito y el freno al comercio exterior podrían traducirse en recesión, pérdida de empleo y tensión social.
Frente a este panorama, el mercado observa con escepticismo las posibilidades del Ejecutivo de mantener la estabilidad cambiaria, incluso en caso de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional o desembolsos de otros organismos multilaterales como el BID o el Banco Mundial. La desconfianza ya se instaló y la falta de conducción política parece agravar aún más la incertidumbre.
La Argentina, nuevamente, se encuentra en el ojo de la tormenta. Y esta vez, sin un paraguas claro para protegerse.