
El Gobierno Elevó la Tasa al 48% pero no Contuvo el Dólar ni Renovó la Deuda
La licitación de bonos en pesos dejó un faltante de 2,4 billones, alimentando presiones cambiarias e inflacionarias. La crisis monetaria se agrava por decisiones erráticas del equipo económico.
El Gobierno nacional confirmó este martes un nuevo incremento en las tasas de interés para la deuda pública en pesos, llevándolas a un rango del 47% al 48% anual en términos nominales. Sin embargo, la medida no alcanzó para cubrir los vencimientos ni para detener la escalada del dólar, que en el mercado mayorista marcó un récord histórico al cerrar en $1.296,67, consolidando una tendencia alcista que ya impacta en los precios internos.
La Secretaría de Finanzas, a cargo de Pablo Quirno, había convocado una licitación para refinanciar pasivos por $11,8 billones, pero solo logró colocar $9,4 billones, dejando un excedente de liquidez que podría profundizar la inestabilidad cambiaria. Aunque fuentes del mercado sugieren que el Banco Central habría absorbido parte de esos títulos mediante mecanismos especiales, el resultado refleja la desconfianza de los inversores frente a la política económica.
Presión cambiaria y otro vencimiento crítico
El fracaso parcial de la operación anticipa mayores tensiones en el tipo de cambio, en un contexto donde las reservas del BCRA están bajo estrés. La situación se agravará el 15 de agosto, cuando expire otro paquete de deuda por $22 billones, forzando al Gobierno a elegir entre una nueva suba de tasas —que ahonda la recesión— o permitir una devaluación que aceleraría la inflación.
El Banco Central, por su parte, intenta equilibrar el mercado interviniendo con pases activos (inyección de fondos a bancos) y operaciones REPO (absorción de excedentes), herramientas que el propio Presidente había cuestionado. La estrategia contrasta con el caos generado tras la eliminación de las Letras Fiscales de Liquidez (LeFi) el 10 de julio: en menos de un mes, la tasa efectiva anual de los bonos más cortos se disparó del 40,53% al 65,33%, un ajuste del 62% que evidencia el costo del error.
La raíz de la crisis: prohibición de acumular reservas
El desorden monetario tuvo su origen en la decisión del presidente Javier Milei de impedir al BCRA la compra de divisas en el mercado oficial, incumpliendo lo pactado con el FMI. Para compensarlo, el Tesoro asumió la acumulación de reservas mediante adquisiciones "en bloque" a exportadores, financiadas con la emisión de Lecap. Pero el mercado rechazó masivamente estos títulos, optando por retener liquidez y provocando una caída abrupta de las tasas.
El intento de corrección —una licitación de emergencia el 16 de julio— derivó en una tasa del 47,81%, pero agravó la escasez de pesos, elevando las cauciones bursátiles por encima del 100% anual. Frente al colapso, el BCRA debió retomar su rol de regulador, contradiciendo la retórica oficialista.
Consecuencias: más deuda, más devaluación
En tres semanas, el Gobierno duplicó el stock de deuda, incrementó las tasas en 25 puntos y permitió una devaluación del 10,2% en el oficial. Paralelamente, el BCRA acumula una posición riesgosa en futuros de dólar (u$s7.100 millones), intentando frenar una corrida que el propio Milei atribuyó a entidades financieras, omitiendo las fallas de su equipo.
La secuencia de medidas improvisadas y contradicciones expone un escenario crítico: sin margen para estabilizar las variables clave, la economía argentina avanza hacia un nuevo ciclo de ajuste, con costos sociales crecientes.