
El Papa Francisco sorprende con inesperada aparición en el Jubileo de los Enfermos
El Sumo Pontífice, aún en recuperación, se presentó en la Plaza de San Pedro para compartir un mensaje de esperanza y solidaridad con los aquejados por dolencias y los profesionales de la salud.
El Papa Francisco hizo una aparición imprevista este domingo en la Plaza de San Pedro, donde bendijo a los presentes durante la clausura de la misa conmemorativa del Jubileo de los Enfermos y del Mundo de la Salud, celebrado los días 5 y 6 de abril.
Acompañado por su silla de ruedas y con los habituales cánulos nasales que lo ayudan a recibir oxígeno, el líder de la Iglesia Católica saludó con voz serena pero firme: “Feliz domingo a todos. Muchas gracias”. Su presencia causó asombro, ya que, tras su reciente hospitalización de 38 días en el Policlínico Gemelli por una neumonía bilateral, los médicos le habían recomendado dos meses de reposo en la residencia de Santa Marta, evitando contactos externos para prevenir contagios.
Un mensaje de fortaleza en la fragilidad
El Pontífice, quien no pudo oficiar personalmente la ceremonia, delegó la lectura de su homilía al monseñor Rino Fisichella, viceprefecto del Dicasterio para la Evangelización. En su texto, reflexionó sobre la enfermedad como una de las pruebas más duras de la existencia humana:
“La dolencia nos recuerda cuán frágiles somos. En este momento de mi vida, conviven muchas cosas: la experiencia del padecimiento, la debilidad, la dependencia de otros y la necesidad de apoyo”, expresó. Además, rindió homenaje a su predecesor, Benedicto XVI, por su ejemplo de serenidad ante la adversidad.
Destacó que “el valor de una sociedad se mide por cómo trata a quienes sufren”, subrayando que “una comunidad que margina a los enfermos es cruel e inhumana”. Y añadió: “Enfrentar juntos el dolor nos hace más humanos, y compartirlo es un paso esencial hacia la santidad”.
Un Jubileo de Esperanza
Antes de dirigirse a la plaza, Francisco pasó un largo momento en la Basílica de San Pedro, donde se confesó y oró. Posteriormente, cruzó la Puerta Santa, que él mismo inauguró en diciembre pasado para dar inicio al Jubileo de la Esperanza, el cual permanecerá abierto hasta fin de año.
En su mensaje del Ángelus, grabado previamente, el Papa agradeció el cuidado recibido durante su internación: “Siento el ‘dedo de Dios’ y su amoroso consuelo”. Hizo un llamado a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de la salud, frecuentemente expuestos a precariedad e incluso agresiones:
“Rezo por médicos, enfermeros y personal sanitario, cuya labor es ardua y merece reconocimiento. Que los sistemas de salud prioricen a los más vulnerables”, pidió.
Emoción y rompiendo protocolos
Aunque los médicos le habían aconsejado evitar el contacto físico, varias monjas y feligreses se acercaron para estrechar su mano e incluso besársela, en un acto espontáneo que reflejó el cariño hacia el Pontífice.
Unos 20.000 asistentes, entre ellos personal del Policlínico Gemelli, ovacionaron al Papa mientras recorría la plaza en su silla de ruedas. Filippo Anelli, presidente de la Federación Médica Italiana, escribió en redes: “Su primera salida fue para los enfermos y sus cuidadores. Es un gesto que nos conmueve profundamente”.
El Papa también recordó a las mujeres encarceladas en Rebibbia –a quienes ha visitado en otras ocasiones– y renovó su llamado por la paz en Ucrania, Gaza, Sudán y otros conflictos: “Que cesen las armas, se libere a los rehenes y prevalezca el diálogo”.
Con esta aparición, Francisco reafirmó su estilo pastoral: cercano, compasivo y dispuesto a desafiar las limitaciones por llevar consuelo a los más necesitados.