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Inversor local en duda y alerta ambiental: sombras sobre el megaproyecto de OpenAI en la Patagonia

A días de las elecciones, el anuncio de un centro de datos de USD 25 mil millones despierta sospechas por la fragilidad de Sur Energy y el impacto ambiental que podría alcanzar a Tierra del Fuego.

Inversor local en duda y alerta ambiental: sombras sobre el megaproyecto de OpenAI en la Patagonia

A días de las elecciones, el anuncio de un centro de datos de USD 25 mil millones despierta sospechas por la fragilidad de Sur Energy y el impacto ambiental que podría alcanzar a Tierra del Fuego.

Un anuncio en plena campaña

El proyecto “Stargate Argentina” fue presentado como una inversión histórica: OpenAI y la firma local Sur Energy firmaron una carta de intención para construir en la Patagonia un centro de datos de 500 MW, con una inversión estimada en USD 25.000 millones. El anuncio, difundido por medios internacionales como Reuters y Bloomberg Línea, fue rápidamente capitalizado por el Gobierno nacional como símbolo de confianza inversora en vísperas de las elecciones del 26 de octubre.

El proyecto se enmarca dentro del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece exenciones impositivas, estabilidad normativa y beneficios aduaneros a empresas que inviertan más de 200 millones de dólares. Este régimen, impulsado por la actual gestión, ha sido fuertemente cuestionado por su falta de contrapartidas sociales y ambientales, lo que agrava las dudas en torno a la verdadera sustentabilidad del plan.

El anuncio se produjo en plena campaña legislativa, donde el oficialismo, con el presidente Javier Milei a la cabeza, intenta mostrar fortaleza política y atraer inversiones como señal de confianza frente al clima económico adverso.

Dónde se ubicaría: la Patagonia bajo análisis

Hasta el momento, no hay confirmación oficial sobre la provincia en la que se instalará el complejo, pero se sabe que cinco jurisdicciones patagónicas están siendo evaluadas: Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Fuentes citadas por Río Negro y Infobae afirman que el equipo de Sur Energy ya relevó distintas zonas con disponibilidad eléctrica, conectividad y acceso logístico.

Dentro de ese mapa, Tierra del Fuego aparece como una opción estratégica por su clima frío, que reduciría el gasto energético de refrigeración, y su conectividad internacional en expansión a través de fibra óptica submarina. Sin embargo, también enfrenta limitaciones: su capacidad de generación eléctrica es menor que la del resto de las provincias evaluadas, y las restricciones ambientales son más estrictas por su estatus de reserva natural y ecosistema protegido.

De concretarse allí, el impacto sería doble: una inyección inédita de inversión tecnológica, pero también una fuerte presión sobre la infraestructura energética y los recursos naturales de la isla.

Sur Energy: un socio sin peso comprobado

La compañía Sur Energy aparece como el principal socio argentino del proyecto. Sin embargo, su trayectoria genera más interrogantes que certezas. Según información publicada por Infobae y El Cronista, la empresa fue fundada recientemente por Matías Travizano, Emiliano Kargieman y Stan Chudnovsky, exdirectivos con experiencia en tecnología y energía, pero sin antecedentes en infraestructura de esta magnitud.

No existen registros de Sur Energy participando en desarrollos energéticos o de data centers comparables a los 500 MW anunciados, una escala reservada a gigantes del sector como Google, Amazon o Microsoft. Tampoco se han presentado públicamente acuerdos firmes con proveedores de energía, entidades financieras o desarrolladores tecnológicos que garanticen la viabilidad económica.

Especialistas consultados por distintos medios advierten que, sin un socio financiero sólido ni licencias ambientales aprobadas, el proyecto difícilmente pueda avanzar más allá de la etapa declarativa. En ese sentido, el analista económico Javier Elías sostuvo que “sin capitalización comprobada, Sur Energy no es más que un vehículo jurídico para un anuncio electoral”.

Riesgos energéticos y ambientales en el sur

La instalación de un centro de datos de 500 MW implicaría un consumo eléctrico equivalente al de una ciudad de 250.000 habitantes. Aunque se promete un abastecimiento con energías renovables, la realidad es que Argentina aún depende en más de 80 % de los hidrocarburos para su matriz energética. Para sostener semejante demanda, deberían construirse nuevas líneas de transmisión y almacenamiento energético que hoy no existen en la Patagonia.

El impacto ambiental tampoco es menor: los sistemas de refrigeración de servidores utilizan grandes volúmenes de agua, recurso escaso en gran parte de la región. Informes técnicos indican que cada operación intensiva de IA puede requerir entre 2 y 5 litros de agua para mantener la temperatura óptima de los equipos. En zonas áridas, esa extracción podría comprometer acuíferos y ecosistemas locales.

En el caso de Tierra del Fuego, donde los cursos de agua y humedales cumplen funciones ecológicas clave, el riesgo sería aún más sensible. Además, la obra implicaría un alto grado de intervención territorial, con tendidos eléctricos, caminos de acceso y transformadores que podrían alterar suelos y hábitats nativos. A la fecha, no se han presentado estudios de impacto ambiental ni consultas públicas a las comunidades cercanas.

Un proyecto más político que tecnológico

El anuncio se dio en el momento de mayor intensidad de la campaña legislativa, con un gobierno que busca exhibir señales de inversión extranjera ante la incertidumbre económica. Analistas señalan que, más que un acuerdo cerrado, “Stargate Argentina” funciona como un instrumento político para mostrar optimismo y atraer titulares internacionales.

La investigadora Milagros Miceli, del Weizenbaum Institut de Berlín, fue contundente: “Este tipo de proyectos crean expectativas infladas. Prometen empleo y desarrollo, pero los data centers generan pocos puestos sostenibles y un alto impacto ambiental”.

A ello se suma que el RIGI no exige porcentajes de contratación local ni transferencia tecnológica, por lo que el beneficio real para la economía argentina podría ser marginal. En palabras del especialista en energía Sebastián Rivas: “Si no hay exigencias de reinversión ni participación pública, el riesgo es crear un enclave extractivo digital en lugar de un polo de innovación”.

Entre la promesa y la propaganda

El proyecto de OpenAI y Sur Energy podría marcar un hito en la infraestructura tecnológica regional, pero la falta de antecedentes del socio local, la magnitud del consumo energético y los posibles efectos sobre el ambiente hacen que, por ahora, parezca más una apuesta discursiva que una inversión tangible.

Sin estudios, sin contratos cerrados y con un contexto electoral que presiona por anuncios espectaculares, “Stargate Argentina” se sostiene más en la narrativa política que en fundamentos técnicos.

Si no se transparentan los compromisos financieros y ambientales, el sueño del megacentro de inteligencia artificial en la Patagonia, que incluso podría alcanzar a Tierra del Fuego, podría diluirse en el aire frío del sur antes de llegar a construirse.

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