
"La crisis golpea fuerte: comerciantes locales al borde del colapso"
Luis Schreiber, dueño de un almacén, revela la difícil situación del sector: caída en ventas, aumento de costos y cambios drásticos en los hábitos de consumo. «La gente compra solo lo indispensable»,
Luis Schreiber, dueño de un almacén, revela la difícil situación del sector: caída en ventas, aumento de costos y cambios drásticos en los hábitos de consumo. «La gente compra solo lo indispensable», afirma.
El panorama desolador de los comercios minoristas
La crisis económica no da tregua, y los comerciantes locales son testigos directos de su impacto. Luis Schreiber, propietario de un almacén, compartió en una entrevista cruda los desafíos que enfrenta el sector, donde la caída de ventas, el aumento descontrolado de los servicios y el cambio en los hábitos de consumo pintan un escenario cada vez más complejo.
Precios que no bajan y un mercado concentrado
Uno de los temas que preocupa es la llegada de carne con hueso desde Buenos Aires, una medida que se esperaba redujera los costos pero que, según Schreiber, aún no se refleja en los precios. «Si traen carne más barata pero alguien sigue ganando mucho, no sirve», señaló. Advirtió sobre el riesgo de que la comercialización quede en manos de pocos actores, lo que impediría una competencia real. «Si es un monopolio, el precio sigue alto», afirmó por FM La Isla.
Ventas en picada y endeudamiento familiar
La situación financiera de las familias es crítica. Schreiber relató casos de clientes que compran pan con tarjeta de crédito, un reflejo de la falta de liquidez. «La gente no llega a fin de mes», lamentó. Además, destacó que muchos comercios han cerrado, especialmente en la margen sur, donde antes se percibían precios más bajos. «Si allí están cerrando, imaginate el resto», dijo.
El golpe de los servicios y la bancarización
Los costos fijos son otro dolor de cabeza. Schreiber reveló que su boleta de luz pasó de $70.000 a casi $500.000 en un año. «Apago las heladeras de noche para ahorrar», confesó. A esto se suma el cambio en los métodos de pago: el 95% de las transacciones son electrónicas, lo que retrasa la liquidez del comercio. «Antes manejábamos más efectivo; ahora dependemos de los plazos de las tarjetas», explicó.
Consumo al mínimo y falta de esperanza
Los hábitos de compra cambiaron radicalmente. «La gente lleva solo lo que va a consumir en el día», detalló. Productos básicos como la leche tienen una demanda muy baja, algo alarmante para Schreiber. «Es grave, porque es un alimento esencial». Sobre el futuro, fue pesimista: «Mientras no cambien las políticas, no hay salida».
Falta de respuestas y desorganización sectorial
Consultado sobre programas de ayuda oficiales, Schreiber admitió que hay poca movilización entre los comerciantes. «Nadie está haciendo mucho, ni el gobierno ni nosotros», reconoció. La desesperanza y la incertidumbre marcan el ritmo de un sector que, como muchos otros, espera un cambio que no llega.
La voz de Schreiber refleja una realidad extendida: comercios que resisten como pueden, familias que ajustan hasta lo imposible y un sistema que parece no encontrar soluciones. El reloj sigue corriendo, y el agua ya les llega al cuello.