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Leguizamón: “Hay que hacer una reingeniería de la política antártica y la tiene que encabezar Tierra del Fuego”

El ex presidente del INFUETUR y especialista en temas antárticos diferenció en FM La Isla la defensa militar del Atlántico Sur de la logística antártica internacional. Advirtió que la provincia pierde competitividad frente a Chile y reclamó fortalecer su rol científico, académico, logístico y productivo.

Leguizamón: “Hay que hacer una reingeniería de la política antártica y la tiene que encabezar Tierra del Fuego”

El ex presidente del INFUETUR y especialista en temas antárticos diferenció en FM La Isla la defensa militar del Atlántico Sur de la logística antártica internacional. Advirtió que la provincia pierde competitividad frente a Chile y reclamó fortalecer su rol científico, académico, logístico y productivo.

Los anuncios del Gobierno nacional sobre Malvinas, la Base Naval Integrada y la proyección argentina hacia la Antártida volvieron a poner en discusión el papel estratégico de Tierra del Fuego en el Atlántico Sur. Para Daniel Leguizamón, sin embargo, el debate requiere separar cuestiones que responden a realidades jurídicas y políticas diferentes y, al mismo tiempo, definir qué lugar pretende ocupar la provincia dentro de la política antártica argentina.

Durante una entrevista con Guillermo Lacaze en FM La Isla, el ex presidente del INFUETUR y especialista en temas antárticos explicó que Malvinas y la Antártida forman parte de los objetivos argentinos de integración territorial, pero se encuentran bajo situaciones completamente distintas.

“En el caso de Malvinas es un territorio ocupado por una potencia colonialista, en el cual estamos justamente con una instancia de negociación por el tema de soberanía”, explicó. La Antártida, en cambio, se encuentra bajo el Sistema del Tratado Antártico, del que Argentina fue uno de los doce países signatarios originales y que mantiene congelados los reclamos territoriales mientras permanece vigente.

“No hay ninguna forma de que esto se resuelva por la vía militar”

Uno de los principales planteos de Leguizamón fue la necesidad de diferenciar la defensa de los intereses argentinos en el Atlántico Sur de la estrategia que el país debe desarrollar hacia la Antártida.

Ante la posibilidad de interpretar el anuncio sobre la Base Naval Integrada como parte de una proyección militar hacia el continente blanco, fue categórico: “No hay ninguna forma de que esto se resuelva por la vía militar”.

Para graficarlo utilizó una comparación: “Si vos tenés un tema de disputa, digamos, con Mike Tyson, ¿dónde lo querés dirimir? ¿En un ring o en un tablero de ajedrez?”. Y agregó: “Nosotros no podemos contra 57 países que conforman el Tratado Antártico, en los cuales están las mayores potencias”.

En ese escenario, consideró que a la Argentina le conviene no solamente la continuidad del Tratado Antártico, sino también la vigencia de su artículo IV, que preserva las posiciones existentes en materia de soberanía sin permitir que las actividades realizadas durante la vigencia del acuerdo generen nuevos derechos o modifiquen los reclamos territoriales.

Tierra del Fuego como puerta de entrada a la Antártida

Para Leguizamón, la principal oportunidad de Tierra del Fuego pasa por consolidarse como puerta de entrada a la Antártida y desarrollar servicios acordes con los principios científicos y pacíficos establecidos por el tratado.

“La mejor forma que tiene la Argentina en este momento, durante el Tratado Antártico, que está consagrado para la paz y para la ciencia, es cumplir con lo que la misma Argentina fundó”, señaló.

En ese sentido, sostuvo que el rol de Ushuaia debe estar vinculado con la prestación de bienes y servicios especializados para la comunidad antártica internacional.

“Ser una puerta de entrada es fundamental, pero ¿para qué? Para colaborar con lo que dice el Tratado Antártico, que es para la ciencia. ¿Cómo podemos hacerlo? Bueno, brindando bienes y servicios especializados, que es justamente el rol de una puerta de entrada, que no tiene nada que ver con la parte militar”, explicó.

Según indicó, existen solamente cinco puertas de entrada a la Antártida y la argentina se encuentra entre las menos desarrolladas, pese a la ubicación estratégica de Ushuaia y a la trayectoria histórica del país en el continente blanco.

Un mercado de alrededor de 500 millones de dólares que no capta la provincia

La cuestión antártica tiene también una dimensión económica y productiva. Leguizamón aseguró que la comunidad internacional moviliza aproximadamente 700 millones de dólares anuales hacia el cuadrante sudamericano de la Antártida.

De ese movimiento, estimó que Argentina logra captar entre 150 y 160 millones de dólares, fundamentalmente a través del turismo. El resto corresponde a bienes y servicios demandados por los programas antárticos y representa, según señaló, un mercado cercano a los 500 millones de dólares que Tierra del Fuego no está aprovechando.

“Los otros que van a nuestro cuadrante, acá enfrente, no los captamos nosotros. Lo está captando Chile, que ha hecho un trabajo muy serio, digamos, realmente ejemplar, que la Argentina no ha hecho”, afirmó.

Para Leguizamón, esa diferencia muestra la necesidad de recuperar y desarrollar el proyecto del Área Antártica Internacional de Ushuaia, pensado como una plataforma civil capaz de concentrar actividades operativas, logísticas, científicas y académicas.

Un proyecto que Tierra del Fuego impulsa desde 1993

El especialista recordó que el proyecto comenzó en 1993, durante el primer gobierno provincial, como parte de una estrategia destinada a generar herramientas para el desarrollo de Tierra del Fuego.

La iniciativa fue retomada años después, especialmente a partir de 2003, cuando Chile trasladó el Instituto Antártico Chileno a Punta Arenas y comenzó a consolidar allí su plataforma de servicios.

Leguizamón explicó que el proyecto fue plasmado en dos leyes provinciales y posteriormente presentado ante la comunidad internacional como una plataforma “operativa, logística, científica, académica, civil” con orientación científica y académica.

El cambio, según su análisis, se produjo en 2014, cuando un decreto nacional incorporó el componente logístico del proyecto provincial a una estructura vinculada con Defensa.

Leguizamón diferenció en este punto la logística correspondiente al Programa Antártico Argentino, donde las Fuerzas Armadas cumplen un papel establecido por la normativa nacional, de la prestación de servicios a programas científicos extranjeros.

“Evidentemente vamos a perder competitividad”

Para explicar esa diferencia, comparó el modelo argentino con el desarrollado por Chile, Nueva Zelanda y Australia, países que separaron la logística destinada a terceros países de sus estructuras militares.

En el caso chileno, destacó el crecimiento alcanzado por Punta Arenas y el desarrollo de Puerto Williams como plataformas de apoyo a la actividad antártica internacional.

Según Leguizamón, los programas científicos extranjeros operan dentro del marco del Tratado Antártico y buscan estructuras compatibles con su carácter pacífico y científico, por lo que una logística internacional vinculada exclusivamente a instalaciones militares puede convertirse en una desventaja.

“Si van a tener Punta Arenas y Puerto Williams en forma privada y nosotros vamos a militarizar la logística internacional, bueno, evidentemente vamos a perder competitividad”, advirtió.

Sin embargo, aclaró expresamente que ese planteo no implica cuestionar la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia.

“No estoy hablando nada contra la Base Naval Integrada que hay que hacerla, porque la Argentina tiene que fortalecer al máximo su capacidad de defensa de sus intereses marítimos en el Atlántico Sur”, afirmó.

Y marcó la diferencia que considera central para el debate: “Una cosa es la parte militar de defensa y otra cosa totalmente diferente es la logística antártica internacional”.

El desafío de formar especialistas desde Tierra del Fuego

Leguizamón también puso el foco en una debilidad que considera histórica: la escasa incorporación de la cuestión antártica en la educación y la formación profesional fueguina.

Recordó experiencias realizadas con estudiantes y jóvenes en las que prácticamente ninguno había recibido contenidos específicos sobre Antártida durante su paso por el sistema educativo y señaló que recién en 2019 el tema comenzó a incorporarse a la currícula.

Para el especialista, Tierra del Fuego debería avanzar mucho más y convertirse en una provincia capaz de formar profesionales que luego participen de las áreas nacionales encargadas de diseñar y ejecutar la política antártica.

“¿Qué provincia le debería proveer a la Cancillería los máximos expertos en temas antárticos? Obviamente Tierra del Fuego”, planteó.

Una oportunidad también para Río Grande y Tolhuin

El desarrollo de una verdadera puerta de entrada antártica, sostuvo, no tendría impacto únicamente sobre Ushuaia. La demanda internacional de alimentos, equipamiento, logística, conocimiento y distintos servicios podría involucrar también a Río Grande y Tolhuin.

Leguizamón cuestionó en ese sentido que buena parte de la estructura argentina vinculada con la Antártida continúe concentrada en Buenos Aires, a miles de kilómetros del continente blanco, mientras otros países trasladaron sus centros de actividad hacia sus respectivas puertas de entrada.

“Lo que le pedimos es que nos ayude a desarrollar a Tierra del Fuego como puerta de entrada a la Antártida y no solamente como una base militar, sino como una proveedora de bienes y servicios logísticos, científicos, académicos”, sostuvo.

Para Leguizamón, avanzar en ese camino requiere revisar de manera integral la estrategia desarrollada hasta ahora y otorgarle a la provincia un protagonismo mucho mayor.

Hay que hacer una reingeniería, digamos, de la política antártica. Y la tiene que encabezar Tierra del Fuego, indudablemente”, afirmó.

La discusión abierta por los anuncios nacionales vuelve así a poner sobre la mesa dos dimensiones que, según Leguizamón, pueden coexistir pero no deben confundirse: fortalecer la capacidad argentina de defensa en el Atlántico Sur y desarrollar, al mismo tiempo, una plataforma civil, científica, académica, logística y productiva que permita a Tierra del Fuego aprovechar plenamente su condición de puerta de entrada a la Antártida.

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