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María Eva “Guaina” Rivera: “Cada una, a su manera, ha dejado huella en nuestro querido hospital”

La histórica enfermera del Hospital Regional Río Grande, María Eva Rivera —más conocida como “la Guaina”— fue reconocida con una mención especial en los Premios Virginia Henderson por su trayectoria y compromiso con la enfermería fueguina. En diálogo con Guillermo Lacaze en FM La Isla, repasó su carrera, las luchas del hospital público y el valor de la vocación.

María Eva “Guaina” Rivera: “Cada una, a su manera, ha dejado huella en nuestro querido hospital”

La histórica enfermera del Hospital Regional Río Grande, María Eva Rivera —más conocida como “la Guaina”— fue reconocida con una mención especial en los Premios Virginia Henderson por su trayectoria y compromiso con la enfermería fueguina. En diálogo con Guillermo Lacaze en FM La Isla, repasó su carrera, las luchas del hospital público y el valor de la vocación.

Durante una charla cargada de emoción, María Eva Rivera, una de las figuras más recordadas del Hospital Regional Río Grande, contó cómo recibió el reconocimiento Virginia Henderson, un galardón nacional que distingue la labor de enfermeros y enfermeras por su aporte a la profesión.
Me mandaron un mail porque no se sabe quién te propone ni quién te postula. Lo contesté y ahí me dijeron que me explayara un poco en mi historia, en mi certificado de enfermera, y que me habían postulado para los premios Virginia Henderson”, relató con humildad.
Confesó que la noticia la tomó completamente por sorpresa: “Fue algo inesperado y con mucha emoción, porque no me lo esperaba y tampoco creo que es para tanto. Me llamaron de otros medios y no tomo dimensión todavía de lo que significa”, dijo con una mezcla de timidez y emoción.

Rivera —ya jubilada— trabajó 27 años y “chirolitas” en el hospital, como ella misma bromeó. “Aqui estoy, escuchandote y tomando unos matecitos, como todas las tardes”, contó al inicio de la entrevista.

“Era como una familia”

Al recordar los años de trabajo, Guaina evocó una época en la que el hospital era más pequeño, pero el sentido de pertenencia era enorme.
Trabajamos con el doctor De Bello, el doctor Pepo González, el doctor Márquez, el doctor Rauch, la doctora Amoia, y tantas y tantas enfermeras”, enumeró.
Y añadió: “No sé si era porque la comunidad era más chica, pero éramos como una familia. Hasta para festejar un cumpleaños o el Día de la Enfermera, los médicos también participaban. Había mucho compromiso y sentido de pertenencia”.

Era más íntimo. Llegaba una paciente y uno le decía al médico: ‘vino la señora que estuvo ayer’, y el doctor la recordaba. Era otro trato, más humano”, recordó con nostalgia.

Luchas históricas y compromiso

En el tramo más intenso de la entrevista, Lacaze recordó las peleas gremiales históricas del Hospital Regional Río Grande, las luchas que marcaron una época y que, según dijo, “atravesaban distintas situaciones” y hasta incluyeron aquel 28 de diciembre compartido entre ambos.

Rivera asintió y comenzó a enumerar, con memoria y emoción:
La verdad que fueron muchísimas luchas, desde… no sé si te acordás, allá por el 86 o el 87, cuando cobrábamos con un papelito que decía ‘pesos ley 18.188’. Me acuerdo que con eso veníamos a comprar a Sados, o sea, no veíamos el dinero”, contó.

Después hacíamos cinco o seis horas de colas bajo la nieve o la lluvia para cobrar el sueldo, teníamos que ir al banco, afuera obviamente, esa fue otra lucha”, agregó.
Y después tener que soportar que sea el jefe de la Zona Norte de Salud ‘Jeringa’ Barrionuevo, el Barrionuevo, el nefasto, un represor, el represor, sí señor”, dijo con indignación.

Así que muchísimas, muchísimas luchas, lograr las seis horas laborales, la profesionalización de los auxiliares de enfermería, viajando a Ushuaia para poder firmar, que nos metimos abajo de un camión con Miguelito Alarcón, con Carmen González y con Esthercita Pérez”, recordó.
No sé si te acordás también de ese accidente… nada fue fácil. Pero a pesar de todo, teníamos esa pertenencia, eso de defender el hospital. Defendíamos sí nuestro sueldo, pero sobre todo nuestra institución”.

Guaina también evocó un episodio de fuerte impacto institucional:
Porque también, si te acordás, cuando estuvo la doctora D´Alessandro y el doctor Aladro, lo que se recaudaba quedaba para el hospital. Después lo pasaron a rentas generales, en la época de Estabillo, y ahí renuncian Aladro y D´Alessandro, cuando nos sacan esa recaudación propia que era de todos: de la mucama, de la enfermera, del médico, del laboratorio, de rayos… de todos”, explicó.

Finalmente, Lacaze le preguntó si al llegar diciembre vuelve el recuerdo de aquel 28 de diciembre.
Sí, sí, y con mucha angustia, con mucho dolor, porque es como que cada año se olvidó. No para recordarlo como morbo, sino porque eso fue por derechos, y no justamente por el sueldo”, concluyó con voz entrecortada.

“El hospital era mi casa”

Al hablar de su retiro, la emoción volvió a ganar terreno.
Hoy me cuesta ir al hospital. Me causa angustia, porque yo lo tenía como mi casa, mi familia”, confesó.
De las 24 horas, 18 las pasaba ahí, a veces poniendo dinero de mi bolsillo para cosas que faltaban. Y creo que me equivoqué. Hoy les digo a mis hijos: el trabajo es el trabajo, la familia está en casa”, reflexionó.

Rivera señaló que el crecimiento del hospital trajo consigo una pérdida del vínculo humano entre colegas:
Ya no se conocen. Uno trabaja en un piso, otro en otro, y ni se cruzan. Eso me da tristeza, porque todos vamos a ir al hospital alguna vez”, expresó.

Un mimo al alma

Al cierre de la entrevista, Lacaze le recordó que el reconocimiento era, más que nada, una caricia al alma.
Sí, es verdad, es una caricia, un mimo”, respondió emocionada.
Y dejó una propuesta llena de ternura: “Me gustaría que el año que viene, el 21 de noviembre, Día de la Enfermera, nos juntemos todas las jubiladas. Que sea un encuentro, un bombón, algo sencillo. Como dice mi chamamé preferido, ‘aquel que no deja huella, pasó de largo nomás’. Y creo que cada una, a su manera, ha dejado huella en nuestro querido hospital”.

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