
Milei en modo campaña: entre festejos por el FMI y embestidas contra críticos, arranca la carrera hacia 2025
La celebración del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional marcó un punto de inflexión para el oficialismo, que ya se proyecta hacia las elecciones legislativas.
La euforia exhibida por el presidente Javier Milei y sus funcionarios tras el reciente pacto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) trascendió el ámbito económico. Lejos de tratarse de una simple reacción emocional, la escena funcionó como el puntapié inicial de la campaña electoral con vista a 2025, en un contexto que sigue signado por la preocupante suba de precios y las tensiones políticas.
Aunque el Gobierno no pierde de vista el impacto del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo —que trepó al 3,7%, rompiendo la tendencia de desaceleración—, en la residencia de Olivos adjudican la inflación a lo que denominan “climas inducidos artificialmente” por sectores económicos y opositores. Esta interpretación, polémica y poco ortodoxa, se ha convertido en el eje del nuevo relato oficialista, donde la narrativa se impone incluso por encima de los datos duros.
El propio Milei salió a capitalizar el acuerdo con el Fondo, encadenando entrevistas, publicaciones en redes y discursos confrontativos, en los que no dudó en desacreditar voces críticas, ya sea del ámbito político, económico o periodístico. Su estilo, muchas veces rayano con lo provocador, no es nuevo: responde a su forma de concebir el ejercicio del poder y la consolidación de su figura como líder disruptivo.
FMI, inflación y expectativas
En lo estrictamente económico, el Gobierno celebró el estreno de la banda cambiaria y la señal inicial del mercado tras el acuerdo, con la expectativa de que ello ayude a anclar precios y frenar la escalada inflacionaria. Sin embargo, el número de marzo encendió luces de alerta. Con un IPC que se aleja del ideal oficial, y rubros sensibles como alimentos y bebidas (5,9%) o indumentaria (4,6%) por encima del promedio general, el mensaje de recuperación comienza a encontrar sus límites.
En el Gran Buenos Aires, la situación es aún más preocupante: los aumentos en alimentos alcanzaron el 6,3% y en ropa el 5,6%, lo que impacta directamente en la vida cotidiana de millones y, de paso, en los cálculos electorales del oficialismo.
Tensión con el “campo” y medidas selectivas
Con un tono desafiante, Milei exhortó al sector agropecuario a acelerar la liquidación de divisas, mientras su administración coquetea con la idea de reinstaurar retenciones a partir de julio, algo que genera profundo rechazo en el interior productivo. A la par, se intensificaron los reclamos contra las empresas formadoras de precios, y se avanzó con intervenciones puntuales, como el recorte de cuotas en la medicina prepaga.
Este enfoque selectivo se complementa con una retórica cada vez más intensa: el Gobierno acusa a ciertos sectores de aplicar aumentos “especulativos” y de alimentar deliberadamente un clima social adverso, una narrativa que le sirve para justificar los desequilibrios económicos y apuntar contra un “enemigo interno”.
Escalada discursiva y redes sociales como trinchera
El tono del discurso presidencial ha escalado en las últimas semanas. No se trata sólo de responder a las críticas, sino de deslegitimar al interlocutor. Políticos opositores, economistas disidentes y periodistas aparecen en la mira con apelativos despectivos, como el ya conocido “mandriles”, mientras en las redes sociales se multiplica el ataque sin filtros ni moderación. En el caso de Milei, la desproporción del poder que ejerce sobre sus adversarios amplifica los efectos de estas descalificaciones.
La línea argumentativa es clara: "el Presidente tiene derecho a defenderse", dicen en su entorno. No obstante, la estrategia se aleja de la confrontación racional y se acerca a la polarización emocional, donde el fin no es debatir sino dividir.
Campaña adelantada: foco en CABA y Buenos Aires
En paralelo, el jefe de Estado comenzó a inmiscuirse abiertamente en la contienda electoral porteña, en un intento por blindar a su hermana Karina Milei frente a las críticas crecientes, especialmente del macrismo. Tras las tensiones internas y una performance débil en las elecciones de Santa Fe —donde La Libertad Avanza quedó tercera—, el Gobierno busca reposicionarse en la Ciudad de Buenos Aires y avanzar con mayor presencia en la Provincia, escenario clave de cualquier elección nacional.
Milei planea una aparición directa en la campaña de CABA en los próximos días, al tiempo que prepara una incursión política en territorio bonaerense. La disputa con el PRO, el intento de fracturar su estructura en la Provincia y las habituales embestidas contra Cristina Kirchner y Axel Kicillof delinean una estrategia de confrontación amplia, con múltiples frentes y un enemigo político claramente señalado.
Conclusión: el oficialismo en clave electoral
El acuerdo con el FMI fue más que un logro económico: se convirtió en el trampolín para el armado político de 2025. En ese marco, el Gobierno apuesta a mostrar resultados en la macroeconomía mientras multiplica los ataques contra los que señalan falencias. En el tablero oficialista, cada dato se convierte en una consigna, cada crítica en una amenaza, y cada discurso en un acto de campaña anticipada.
El estilo confrontativo de Milei, lejos de moderarse, se intensifica con cada paso que da hacia las urnas. Lo que está en juego no es solo un resultado electoral, sino una forma de ejercer el poder y construir hegemonía en un país marcado por la incertidumbre y la fragmentación.