
"Nos están llevando a una indigencia prácticamente": el padre Iván describió el crecimiento de la asistencia en Río Grande
El párroco de la Sagrada Familia describió un fuerte crecimiento en la asistencia que brinda la iglesia en Río Grande. Advirtió que familias que antes no necesitaban ayuda, incluidas muchas vinculadas a la industria, hoy no logran cubrir alimentos, servicios o alquiler.
La pérdida de puestos de trabajo, la caída de los ingresos y las dificultades para afrontar gastos básicos están modificando el perfil de las familias que recurren a espacios de asistencia en Río Grande. El padre Iván, párroco de la iglesia Sagrada Familia, en el barrio INTEVU, describió en FM La Isla un escenario en el que cada vez aparecen más personas que hasta hace poco podían sostenerse con sus propios ingresos y que actualmente necesitan pedir alimentos, comprar ropa en ferias solidarias o buscar ayuda para afrontar servicios y alquileres.
"Ha aumentado el número de las personas que nos piden ayuda", señaló el sacerdote. A ese panorama sumó la dificultad para conseguir empleo, incluso mediante trabajos informales o changas, y una marcada retracción del consumo que también observa a partir del contacto cotidiano con comerciantes de la ciudad.
La situación se refleja directamente en las personas que se acercan a la parroquia. Algunas buscan acompañamiento espiritual o un espacio donde contar lo que están atravesando; otras necesitan asistencia concreta. "Los que han perdido el trabajo o que estaban en una fábrica, que no encuentran, que no llegan para la luz, el gas o para el alquiler, o que están al borde de quedar en la calle. Son muchísimas personas", describió.
Familias de trabajadores industriales que comenzaron a pedir ayuda
Uno de los cambios que más advierte el párroco está relacionado con la crisis del empleo industrial en Río Grande. Entre quienes comenzaron a recurrir a la asistencia aparecen familias vinculadas a fábricas que anteriormente no necesitaban ese tipo de acompañamiento.
"De las familias que se han sumado, que antes tal vez nunca hubieran tenido que pedir una ayuda, entre ellos están las personas que estaban trabajando en fábrica, por ejemplo, en la industria. Y ahora no", explicó.
Para el padre Iván, el deterioro implica un cambio significativo en las condiciones de vida de esos hogares. "De pasar de estar en una clase media, más o menos, media baja, ponele, a tener que estar pidiendo una asistencia", señaló.
Fue en ese punto donde dejó una de las definiciones más fuertes de la entrevista: "Da clase pobre, porque no llegás ni a cubrir los servicios. O sea, nos están llevando a una indigencia prácticamente".
La transformación también se observa en la feria de ropa que realiza la parroquia. Lo recaudado allí permite comprar parte de los alimentos que luego se incorporan a las asistencias, pero el sacerdote señaló que entre quienes concurren actualmente aparecen personas que, en otra situación económica, difícilmente hubieran necesitado comprar ropa de esa manera.
Algo similar sucede con los módulos de alimentos. Son asistencias pequeñas, de alrededor de diez productos, pero comenzaron a ser requeridas por personas cuya realidad la comunidad parroquial conoce y que nunca antes habían tenido que recurrir a ese tipo de ayuda.
"Nadie quisiera tener que pedir"
El sacerdote explicó que el impacto de esa pérdida de autonomía económica también aparece en la manera en que las personas llegan por primera vez a solicitar asistencia.
"Nadie quisiera tener que pedir", expresó. En muchos casos, agregó, "se nota en el rostro, la mirada, como una especie de vergüenza".
Frente a esa situación, sostuvo que atravesar una necesidad no debería ser motivo de vergüenza y destacó la importancia tanto de aceptar ayuda como de que quienes están en condiciones de brindarla lo hagan. "Todos podemos pasar por una necesidad. Y a veces tenemos que pedir y lo tenemos que hacer y dejarnos ayudar. Y los demás, los que pueden ayudar, tienen que estar dispuestos también a brindar una mano. Entonces, nos ayudamos entre todos", planteó.
La parroquia mantiene además contacto con comedores y otros espacios comunitarios del barrio. A partir de las donaciones que recibe, colabora cuando existen recursos disponibles, dentro de una red que también integran organizaciones de otros cultos y vecinos que desarrollan comedores, roperos u otras iniciativas solidarias.
Para el padre Iván, sin embargo, el crecimiento de esos espacios también permite dimensionar el deterioro social. "Cuando ya crecen los comedores y la ayuda, es mal signo", advirtió.
En la misma línea, mencionó el aumento de personas que recurren a ferias como una alternativa para generar ingresos ante la falta de empleo formal. "La gente busca la manera de ganarse el pan de cada día y si no lo puede de una manera, busca de otra", explicó. En ese contexto, recordó que la ciudad ya atravesó una situación similar en el pasado con el sistema de trueque, y señaló que ese fenómeno vuelve a imponerse en Río Grande, esta vez a modo de feria, con distintos puntos de trueque ya en funcionamiento en la ciudad.
Una crítica a la dirigencia y una deuda de décadas
Consultado sobre cómo interpreta el proceso que llevó a esta situación, el párroco consideró que no se trata exclusivamente de un problema reciente y planteó una mirada crítica sobre el desempeño de la dirigencia política argentina durante las últimas décadas.
"Me parece que ya aquí en Argentina hace años que venimos en caída y ninguno de los dirigentes que hemos tenido han podido estar a la altura", sostuvo.
Aclaró que su planteo no estaba dirigido hacia una fuerza política determinada. "No por, de alguna manera, ideología, decirle una clase política o un partido", señaló, y consideró que incluso durante los últimos 40 años de democracia persistieron dificultades para avanzar hacia una sociedad con mayor equidad.
"Al final son unos poquitos beneficiados y el resto de la población se sigue empobreciendo", expresó. Para el sacerdote, mejorar de manera general las condiciones de vida y garantizar oportunidades continúa siendo una deuda pendiente.
"El trabajo realmente sirva para vivir dignamente"
Hacia el final de la entrevista, el padre Iván llevó el análisis hacia una perspectiva humanista y planteó la necesidad de que las decisiones económicas y políticas tengan como objetivo el bien común.
"No se le está pidiendo a nadie que deje su clase social alta en beneficio de los demás. Es simplemente usar los recursos para el bien de todos, buscar el bien de todos, para que todos estemos bien", explicó.
En ese marco, se refirió a principios de la doctrina social de la Iglesia y particularmente al destino universal de los bienes, mencionando en ese contexto la encíclica del Papa León XIV, Dilexi Te. Señaló que la Iglesia reconoce el derecho a la propiedad privada, pero entiende que esa propiedad también tiene una función social.
Desde esa mirada, planteó la importancia de que quienes cuentan con capital puedan destinarlo a inversiones capaces de generar empleo. "A los que tienen, invitarlos a que no metan la plata en la bolsa de valores y que generen trabajo, que inviertan, o que se lo den a otro que puede invertirlo generando trabajo", sostuvo.
El objetivo, resumió, debería ser alcanzar mayores niveles de equidad y garantizar las condiciones mínimas para una vida digna. "Que haya un poquito más de equidad y para tener lo necesario, lo necesario para vivir dignamente y que el trabajo realmente sirva para vivir dignamente", expresó. Y cerró con una definición que sintetiza su mirada sobre la dignidad del trabajo: "Trabajo sin pan no es digno. Y el pan sin trabajo tampoco. Ninguno de los dos lo queremos".
La expectativa por el mensaje del Papa León XIV
El sacerdote también se refirió a la expectativa que le genera el Papa León XIV y consideró que su mensaje puede aportar una mirada centrada en la dignidad humana frente a modelos que priorizan exclusivamente la rentabilidad.
"Yo creo que el Papa nos va a traer mucha esperanza, un aire fresco, y nos va a animar a no pelearnos tanto, animarnos a trabajar un poquito más como hermanos", señaló.
En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de que determinados sectores queden relegados cuando las decisiones se toman exclusivamente desde una lógica económica. Mencionó entre ellos a jubilados, personas con discapacidad, sectores más pobres y quienes tienen menos oportunidades.
También abordó el concepto de tecnocracia y sostuvo que la tecnología, la economía, los avances científicos e incluso la inteligencia artificial pueden representar herramientas positivas siempre que se utilicen en beneficio de las personas.
"Solo pensar en lo redituable" resulta insuficiente, planteó. Para el padre Iván, el desafío pasa por recuperar una perspectiva que vuelva a colocar a la persona en el centro: "Hay que ver a la persona también".
Desde su contacto cotidiano con familias de Río Grande, el sacerdote describió así un escenario en el que la asistencia crece al mismo tiempo que se deterioran el empleo y los ingresos, y donde personas que hasta hace poco podían sostenerse por sus propios medios comienzan a recurrir a redes comunitarias para cubrir necesidades básicas.