
Se derrumba el empleo formal: 223 mil puestos menos y fuerte retroceso en pymes y grandes empresas
En los primeros 18 meses de gestión de Javier Milei, la Argentina perdió 223.537 puestos de trabajo registrados y 15.564 empleadores. Los sectores más golpeados fueron la construcción, el transporte y la administración pública, con un impacto transversal que afectó tanto a pymes como a grandes compañías.
El mapa del derrumbe empresarial
El relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, confirma un escenario de contracción del tejido productivo.
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Entre noviembre de 2023 y mayo de 2025, se redujeron 15.564 empleadores registrados.
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El golpe más duro lo sufrió el transporte y almacenamiento, con 4.094 empresas menos, seguido por servicios inmobiliarios (-2.617), comercio (-2.387) y construcción (-1.669).
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En términos relativos, el transporte se desplomó un 10,4%, y la construcción un 7,7%, reflejando un freno en sectores clave para la actividad económica.
El empleo formal en caída libre
La contracción no se limitó al universo empresario: también se destruyeron 223.537 puestos de trabajo registrados, lo que equivale a una baja del 2,27%.
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El sector público fue el más afectado, con 98.653 trabajadores menos, mientras que la construcción expulsó 80.873 empleados.
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El transporte perdió 54.935 puestos y la industria manufacturera otros 39.016.
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En términos proporcionales, la construcción encabeza el desplome con una caída del 16,9%, seguida por transporte (-10,3%).
El doble golpe: pymes y grandes firmas
El análisis por tamaño de empresa revela un fenómeno doble:
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Las pymes (menos de 500 empleados) concentran casi toda la caída en el número de empleadores (-15.515 casos, 99,7% del total).
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Las grandes empresas (más de 500 empleados) fueron responsables del grueso de los despidos: 165.625 puestos perdidos (74% del total).
Es decir, mientras se reducen pymes, las grandes compañías recortan masivamente plantillas.
Un mercado laboral en retroceso
El balance es claro: menos empresas, menos empleo y más precariedad en el horizonte. La construcción y el transporte, motores históricos de la generación de trabajo, están entre los más castigados. Y la sangría no distingue tamaños: afecta tanto a pequeños emprendedores como a grandes conglomerados.