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Cristina Fernández de Kirchner y el peronismo: la resistencia se organiza en las calles y en los tribunales

La confirmación de la condena a la expresidenta unificó al movimiento, que ahora concentra sus esfuerzos en evitar su encarcelamiento y recuperar sus derechos políticos.

Cristina Fernández de Kirchner y el peronismo: la resistencia se organiza en las calles y en los tribunales

La confirmación de la condena a la expresidenta unificó al movimiento, que ahora concentra sus esfuerzos en evitar su encarcelamiento y recuperar sus derechos políticos.

La sentencia judicial contra Cristina Fernández de Kirchner no solo consolidó su condena, sino que también reconfiguró el tablero interno del peronismo. Ante la amenaza de una segunda proscripción en la historia del movimiento, las diferencias quedaron en suspenso y las prioridades se reordenaron. La sede de Matheu 130, corazón histórico del justicialismo, se convirtió en un centro de operaciones donde se coordina la resistencia. El objetivo inmediato es garantizar que la líder regrese a su hogar en Constitución bajo prisión domiciliaria, pero la batalla es más amplia: se trata de una pulseada por sus derechos políticos y por el futuro del espacio.

La calle como trinchera

“La única herramienta que nos queda es la movilización popular”, insisten en el entorno de la exmandataria. La convocatoria para este miércoles, bautizada como Argentina con Cristina, busca demostrar fuerza numérica y enviar un mensaje contundente al Poder Judicial. Desde el Instituto Patria, núcleo duro del kirchnerismo, prevén que la lucha será prolongada: incluso si se concede la domiciliaria, los fiscales apelarán la decisión. “Hay que militar cada paso”, advierte un dirigente cercano al círculo íntimo de la vicepresidenta.

Mientras tanto, el departamento de San José 1111, donde reside Fernández de Kirchner, se transformó en un punto de peregrinación para militantes que dejan mensajes de apoyo y aguardan su aparición en el balcón. “Ella está firme, al tanto de todo y en permanente contacto con sus abogados. Nadie defiende mejor su causa que ella misma”, aseguran allegados.

Unidad forzada, tensiones latentes

La emergencia judicial reunió a figuras dispersas del Frente de Todos. El senador José Mayans, designado al frente del Partido Justicialista, encabeza junto a la intendenta Mayra Mendoza y otros dirigentes una mesa de acción territorial que ya sumó el respaldo de más de 250 jefes distritales. Sin embargo, las fisuras persisten. La ausencia del gobernador Axel Kicillof en el último encuentro del Consejo Nacional del PJ dejó en evidencia roces que podrían profundizarse una vez superada la coyuntura.

Mayans tiene por delante una agenda clave: este martes se reunirá con la CGT para asegurar el apoyo sindical a la movilización y luego con los gobernadores, aunque la confirmación de Martín Llaryora (Córdoba) aún está pendiente. “Somos institucionalistas. Los fallos se acatan o se apelan, pero como gobierno no nos corresponde opinar”, señaló un referente del bloque cordobés, marcando distancia.

El dilema electoral y la sombra de 1973

Mientras la prioridad es judicial, el calendario político no deja de avanzar. El 9 de julio vence el plazo para inscribir alianzas en la provincia de Buenos Aires, y el 19 deberán definirse las candidaturas. Sin embargo, hasta después de la marcha, el tema quedará en pausa.

En paralelo, crece la comparación con 1973, cuando el peronismo llegó al poder con Héctor Cámpora para allanar el retorno de Juan Domingo Perón. Algunos dirigentes, como Agustín Rossi y Wado de Pedro, insinúan una estrategia similar: “La primera condición del próximo gobierno es Cristina libre”, afirmó el senador. Sergio Massa, en tanto, propone ampliar el frente más allá del kirchnerismo para enfrentar a Javier Milei con “más peronismo” y sumar a sectores alejados.

La batalla internacional

La defensa de Fernández de Kirchner también se libra en el exterior. El abogado Gregorio Dalbón viajó a La Haya para denunciar ante la Corte Penal Internacional lo que califica como “persecución política”. Mientras tanto, dentro del movimiento crece la convicción de que, más allá de los tribunales, la solución será política. Y para eso, primero habrá que llenar las calles.

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