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Caos financiero: tasas en pesos se disparan y crece la fuga de dólares ante temor por sequía cambiaria

El mercado reaccionó con volatilidad extrema ante la falta de coordinación del equipo económico, mientras los ahorristas aceleran la retirada de depósitos bancarios y el BCRA lucha por contenerla.

Caos financiero: tasas en pesos se disparan y crece la fuga de dólares ante temor por sequía cambiaria

El mercado reaccionó con volatilidad extrema ante la falta de coordinación del equipo económico, mientras los ahorristas aceleran la retirada de depósitos bancarios y el BCRA lucha por contenerla.

El sistema financiero argentino enfrenta una jornada crítica marcada por la incertidumbre cambiaria y el descontrol en las tasas de interés. En un escenario de creciente desconfianza, los inversores y ahorristas anticiparon una severa escasez de divisas a partir de este martes, lo que derivó en un abrupto salto de las tasas en pesos, que superaron el 60% en operaciones a un día. Esta turbulencia no solo complica la renovación de la deuda del Tesoro —que debe afrontar vencimientos por más de 54 billones de pesos en las próximas semanas—, sino que también refleja la fragilidad de la estrategia económica del Gobierno.

Mientras tanto, la corrida bancaria no da tregua. Solo entre el lunes y este martes, el Banco Central debió inyectar casi 100 millones de dólares en efectivo para cubrir la demanda de billetes en las sucursales, evitando así protestas masivas por la falta de disponibilidad. Sin embargo, esas divisas ya no regresan al sistema: terminan resguardadas en cajas de seguridad o en el circuito informal, evidenciando la desconfianza hacia la política monetaria.

El colapso de las tasas y el error de cálculo oficial
El pico en las cauciones —que alcanzó el 64% en el mercado financiero— fue el resultado de una serie de decisiones controvertidas. La eliminación de las Letras de Liquidez (LeFi) por parte del BCRA, sin una transición ordenada hacia las Lecap, generó un vacío que derivó en exceso de liquidez y, posteriormente, en una estampida hacia el dólar. Aunque las tasas cerraron con leves retrocesos, la Tasa Efectiva Anual se mantuvo por encima del 58%, un nivel insostenible para el Tesoro.

La intervención tardía de las autoridades, con instrumentos como los pases remunerados —cuestionados por el presidente Javier Milei— y licitaciones extraordinarias, no logró estabilizar el sistema. "El nuevo esquema de tasas exógenas suele derivar en alta volatilidad, y eso es exactamente lo que estamos viendo", explicó el analista Christian Buteler.

La apuesta fallida con las reservas
Detrás de la crisis, se filtraron operaciones no oficiales donde el Tesoro habría adquirido cerca de mil millones de dólares, en su mayoría de deuda privada, para cumplir con las metas del FMI y asegurar el desembolso de 2.000 millones del organismo. No obstante, la estrategia choca con la negativa de Milei a acumular reservas de manera directa, lo que limita la capacidad de acción del BCRA.

El panorama se agrava con el fin de la liquidación extraordinaria del campo, principal fuente de ingresos de divisas en las últimas semanas. Según el banco CMF, las declaraciones juradas de ventas al exterior cayeron a casi cero desde julio, lo que anticipa una presión adicional sobre el tipo de cambio.

El desafío de los vencimientos billonarios
La prueba de fuego llegará en las próximas fechas clave: el 31 de julio, el Tesoro deberá renovar 11,15 billones de pesos, seguido por otros 18,96 billones el 15 de agosto. Cada vencimiento pondrá a prueba la solvencia del Gobierno en un mercado que ya opera con recelo.

Mientras el dólar mayorista cerró con leves fluctuaciones —oscilando entre 1.275 y 1.286 pesos—, los financieros (MEP y CCL) mantuvieron una brecha ajustada, aunque la capacidad de intervención del BCRA en el mercado de futuros está cerca de agotarse.

Conclusión incierta
La estabilidad monetaria y cambiaria dependerá de cómo el Gobierno maneje los próximos vencimientos y la creciente demanda de dólares. Por ahora, el saldo es claro: descoordinación, fuga de depósitos y un costo financiero que se traslada a la deuda pública. El tiempo apremia, y las señales de calma brillan por su ausencia.

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