
El día que cambió la historia: el hundimiento del ARA General Belgrano y la tragedia que marcó la Guerra de Malvinas
El 2 de mayo de 1982, a las 16:02, un ataque del submarino nuclear británico HMS Conqueror modificó el curso del conflicto del Atlántico Sur.
La tarde del 2 de mayo de 1982: una tragedia anunciada
Apenas pasaban las cuatro de la tarde cuando el rumbo de un buque argentino cambió para siempre. La madrugada había estado cargada de incertidumbre: lo que inicialmente se presentaba como una orden clara de ofensiva, había mutado en una advertencia de repliegue. Durante las primeras horas del 2 de mayo, la certeza del viraje estratégico era definitiva.
El ARA General Belgrano, uno de los pilares de la flota argentina en la Guerra de Malvinas, había iniciado su repliegue al oeste del archipiélago. Pero a las 16:02, un torpedo disparado desde el submarino nuclear británico HMS Conqueror impactó en el costado del buque, modificando para siempre el destino de sus 1.093 tripulantes. En menos de una hora, el gigante de acero de 180 metros de eslora se hundió en las frías aguas del Atlántico Sur. Fue la peor pérdida humana para la Argentina en toda la contienda: 323 personas fallecieron, casi la mitad de las bajas totales del conflicto.
Una nave con historia: del USS Phoenix al General Belgrano
El crucero tenía casi medio siglo de historia cuando fue abatido. Construido en Estados Unidos, había sido bautizado originalmente como USS Phoenix. Fue testigo y sobreviviente del ataque japonés a Pearl Harbour en 1941. En 1951, en el contexto del primer gobierno de Juan Domingo Perón, fue adquirido por la Armada Argentina y renombrado como ARA 17 de Octubre, en homenaje a la fecha simbólica del peronismo. Sin embargo, tras el golpe militar de 1955, la autodenominada Revolución Libertadora le cambió el nombre a ARA General Belgrano, como parte de su política de desmantelamiento del legado peronista.
Durante décadas, la nave fue protagonista de ejercicios navales, misiones estratégicas y operaciones diplomáticas. En 1978, participó activamente en la Operación Soberanía durante el conflicto limítrofe con Chile por el canal del Beagle, que estuvo a punto de desatar otra guerra en el sur del continente.
La orden de ataque y el momento del impacto
El 2 de mayo, el ARA General Belgrano navegaba acompañado por los destructores ARA Piedrabuena y ARA Bouchard. La flota argentina se encontraba fuera de la Zona de Exclusión Total (ZET) establecida por el Reino Unido alrededor de las Islas Malvinas, una franja de 200 millas náuticas donde se había prohibido la presencia de naves militares.
A más de 65 kilómetros de Londres, en su residencia de campo de Chequers, la primera ministra británica Margaret Thatcher daba luz verde a un ataque estratégico. A sabiendas de que el crucero argentino se encontraba fuera de esa zona delimitada, autorizó el lanzamiento de torpedos por parte del Conqueror.
El primero de los proyectiles fue devastador: impactó cerca del centro del buque, destruyendo áreas vitales e hiriendo de muerte a la nave. Apenas unos segundos después, un segundo torpedo agravó la situación, afectando el sistema eléctrico de emergencia y provocando que el crucero comenzara a escorarse. La evacuación se ordenó apenas tres minutos después del primer impacto.
Un escape desesperado en medio del frío y el caos
Las escenas a bordo del General Belgrano fueron dramáticas, pero ordenadas. La energía se había cortado por completo y las órdenes de evacuación se gritaban a viva voz o con megáfonos portátiles. La nave contaba con 72 balsas salvavidas, más que las exigidas por la cantidad de ocupantes. Muchas se llenaron desigualmente en medio de la confusión y las olas, y algunas tripulaciones las ataron entre sí para mantenerse unidas y aumentar su visibilidad.
Los sobrevivientes relataron cómo los heridos más graves eran cargados en hombros por sus compañeros. El jefe médico distribuyó morfina a los que sufrían más para ayudar a resistir la dura travesía. Las balsas flotaban a la deriva en un mar gélido, bajo una tormenta feroz.
El comandante Héctor Bonzo fue el último en abandonar el buque. Se aseguró de que ningún tripulante quedara atrás. A su lado, el suboficial Ramón Barrionuevo insistía en no dejarlo solo, recordándole su promesa de también subir a una balsa. Bonzo cumplió, minutos antes de que el crucero desapareciera bajo el agua.
Rescate tras 21 horas de agonía
El mar fue implacable esa noche. Durante casi 21 horas, las balsas navegaron a merced de las corrientes, sin visibilidad y con temperaturas que rozaban el punto de congelación. A las 13:00 del 3 de mayo, un avión avistó por fin a los náufragos. Los buques ARA Piedrabuena y ARA Bouchard participaron en las tareas de rescate, que se prolongaron hasta el 9 de mayo.
La mayoría de los sobrevivientes sufría de hipotermia, quemaduras y un profundo estado de shock. Muchos recordaron más tarde los gestos de solidaridad entre compañeros que, en medio del dolor, se empeñaban en mantener la vida.
El 5 de mayo, los rescatados llegaron a Ushuaia y luego fueron trasladados a Bahía Blanca, donde los esperaban sus familias. El país entero comenzaba a tomar conciencia de la magnitud de la tragedia.
Consecuencias políticas, estratégicas y humanas
El hundimiento del ARA General Belgrano se convirtió en un punto de inflexión en la Guerra de Malvinas. No solo dejó la mayor cantidad de muertos para el lado argentino, sino que representó un golpe moral, estratégico y simbólico. Documentos desclasificados años después revelaron que el Reino Unido buscaba con esa acción tomar la delantera naval de manera definitiva.
La controversia por haberse producido fuera de la ZET motivó múltiples denuncias, tanto en la Argentina como en organismos internacionales. Sin embargo, incluso el comandante Bonzo aclaró que dicha zona tenía más un valor simbólico que jurídico en tiempos de guerra. Para él, “el crimen no fue el hundimiento, sino la guerra misma”.
Una tumba bajo el mar y un legado imborrable
Los restos del ARA General Belgrano descansan a 4.200 metros de profundidad y fueron oficialmente declarados tumba de guerra. Ese sitio es hoy lugar de homenaje, recuerdo y memoria. En la Isla de los Estados, una cruz de lapacho recuerda a sus caídos.
A 43 años de aquella jornada, el recuerdo del Belgrano sigue siendo símbolo de dolor, pero también de valentía. Una historia de honor, sacrificio y tragedia en medio de un conflicto bélico que marcó para siempre la historia contemporánea de la Argentina.