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El Ocaso de un Legado Vial: Tras 93 Años, el Cierre de Vialidad Nacional Deja un Vacío en la Infraestructura

La desaparición del organismo fundacional que transformó el mapa rutero argentino genera incertidumbre sobre el futuro de las carreteras y el control de las concesiones privadas.

El Ocaso de un Legado Vial: Tras 93 Años, el Cierre de Vialidad Nacional Deja un Vacío en la Infraestructura

La desaparición del organismo fundacional que transformó el mapa rutero argentino genera incertidumbre sobre el futuro de las carreteras y el control de las concesiones privadas.

Bajo la presidencia de Agustín P. Justo, en 1932, nació la Dirección Nacional de Vialidad, una institución que en apenas seis años revolucionó la conectividad del país. Con el ingeniero Justiniano Allende Posse al frente, la entidad logró extender más de 30.000 kilómetros de rutas, de los cuales 10.000 fueron pavimentados, un contraste abismal con los escasos 2.000 kilómetros de caminos y apenas 100 asfaltados que existían previamente. Entre sus obras emblemáticas figuraron la Ruta Nacional 3 hacia el sur, la 9 rumbo a Jujuy, la 2 con destino a Mar del Plata y los corredores estratégicos hacia Rosario, Córdoba y Mendoza. Sin embargo, tras nueve décadas de historia, su abrupto cierre dejó en suspenso décadas de avances y proyectos clave para el desarrollo territorial, según alertaron voces oficiales de la provincia de Buenos Aires.

En el ámbito bonaerense, el organismo tuvo un impacto indiscutible. Durante la década de 1930, se pavimentaron tramos vitales de la Ruta 5, se erigieron puentes sobre los ríos Salado y Samborombón, y se materializaron los primeros accesos a la Capital Federal, como la Autopista General Paz, pionera en su tipo. Además, se tejieron redes camineras que integraron las zonas rurales con los puertos, dinamizando el comercio y la producción agropecuaria. Estos logros no solo respondieron a fondos nacionales, sino también a contribuciones provinciales que permitieron modernizar miles de kilómetros de trayectos.

La institución no solo se limitó a la construcción de carreteras. Fue parte de un proyecto más amplio de modernización, que incluyó obras emblemáticas como los puentes Avellaneda, Pueyrredón y el internacional "Agustín P. Justo-Getulio Vargas". Incluso en la Plaza de los Dos Congresos, un monolito recordaba el Kilómetro Cero del plan diseñado por Allende Posse, símbolo de una visión integradora que hoy parece desvanecerse.

Un Golpe a la Infraestructura

A principios de julio, el Gobierno nacional formalizó la disolución de Vialidad Nacional mediante el decreto 462/2025, como parte de su política de "obra pública cero". La medida afecta a más de 5.500 empleados y deja sin supervisión directa más de 40.000 kilómetros de rutas, cuya mantención quedará a cargo del Ministerio de Economía y una flamante Agencia de Control de Concesiones.

Desde el Sindicato de Trabajadores Viales y Afines (STVyARA), se cuestionó que la decisión obedezca a un mero ajuste administrativo. "Es un desguace planificado del Estado", denunciaron, señalando que el cierre se enmarca en una seguidilla de clausuras, como las de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y la CNRT. Advierten, además, que la falta de un ente técnico especializado pone en jaque la seguridad vial y la transparencia en la gestión de las carreteras.

Los números respaldan las preocupaciones. Según el Instituto Argentina Grande, entre 2022 y 2024, el porcentaje de rutas en buen estado cayó del 54,9% al 47,5%, mientras que las vías en malas condiciones escalaron del 23% al 29%. A esto se suma un desplome del 82% en la inversión real en infraestructura, con una ejecución presupuestaria 75% menor en comparación con 2023.

Un Futuro Incierto

Con el organismo extinto, las preguntas se multiplican: ¿Quién auditará a las empresas concesionarias? ¿Cómo se retomarán las obras paralizadas? La provincia de Buenos Aires, donde rutas clave como la 2, la 5 o la 8 ya muestran signos de deterioro, enfrenta riesgos logísticos y operativos crecientes.

A casi un siglo de su creación, el fin de Vialidad Nacional no solo clausura una institución, sino un modelo de planificación estatal que moldeó el país. Su ausencia deja un vacío que, según expertos, podría profundizar la crisis de infraestructura y alterar el tejido económico que durante décadas dependió de sus rutas.

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