
Franco Colapinto brilla en Montreal: de la adversidad al Top 10 en la clasificación
El piloto argentino superó un complicado inicio de fin de semana para asegurar un puesto entre los diez mejores en la grilla de salida del Gran Premio de Canadá, demostrando madurez y velocidad.
El rugido del motor Renault resonó con determinación en el Circuito Gilles Villeneuve mientras Franco Colapinto, concentrado y audaz, empujaba su Alpine hasta el límite. Las manos firmes del joven argentino domaron las riendas del monoplaza, exigiendo cada centímetro de adherencia en las lentas pero técnicas primeras curvas. A la salida de la sexta, el alerón rozó el muro con precisión milimétrica, una muestra de la confianza que lo embargaba.
Era la Q2 de la clasificación del 54º Gran Premio de Canadá, y Colapinto, en un giro clave a 167 kilómetros por hora, mantuvo el control tras un ligero deslizamiento de las cuatro ruedas. Cada movimiento del volante lo acercaba a un objetivo que días antes parecía lejano: ingresar a la Q3 y soñar con estar entre los diez más rápidos. No solo era una oportunidad para brillar en su cuarta carrera en la Fórmula 1, que disputará este domingo frente a la audiencia argentina, sino también un impulso crucial para su proyección en la máxima categoría.
Su tiempo de 1m12s142, inicialmente ubicado en el 12º puesto, se transformó en la décima posición debido a las penalizaciones de Yuki Tsunoda (Red Bull), sancionado por ignorar una bandera roja, e Isack Hadjar (Racing Bulls), castigado por entorpecer a Carlos Sainz (Williams). Un giro inesperado para quien, apenas horas antes, luchaba contra la frustración. En la FP3, Colapinto había cerrado en el 17º lugar, a más de un segundo de Lando Norris (McLaren) y a cuatro décimas de su compañero Pierre Gasly.
El sábado por la tarde, sin embargo, la historia cambió. Un último intento en la Q2 quedó truncado al rozar el muro, pero el resultado ya estaba escrito. Lo que importaba era la imagen del piloto en el pen de prensa: voz serena, mirada enfocada y una palabra que resumía su resurgencia: “Volvimos”.
El secreto de su transformación radicó en la capacidad para ajustar el auto rebelde que lo había relegado el viernes al último puesto, a 1,775 segundos del líder. Para el sábado, la brecha se redujo a apenas 0,572 segundos respecto a George Russell (Mercedes), quien conquistó la pole. En la Q1, sin forzar el ritmo, Colapinto ya había mostrado señales de su potencial al igualar el tiempo de Tsunoda.
Ahora, con la mirada puesta en la carrera, el argentino no solo carga con el orgullo de haber superado obstáculos técnicos y anímicos, sino también con la certeza de que, cuando el Alpine responde, él está listo para competir entre los mejores. El sueño de la F1, hoy, tiene sabor a realidad.