
Inflación en mínimos históricos, pero el INDEC admite que su medición ya no refleja la realidad
El Gobierno celebra un 1,5% en mayo, el índice más bajo desde 2020, aunque el organismo estadístico reconoce que su fórmula actual está desactualizada.
El Gobierno de Javier Milei alcanzó este jueves un hito en su lucha contra la inflación: el índice de precios de mayo registró un aumento de apenas 1,5%, el más bajo en cinco años. Sin embargo, detrás del dato alentador se esconde una problemática que el propio INDEC no puede ignorar: la metodología utilizada para medir el costo de vida está obsoleta y requiere una urgente actualización.
La desaceleración de los precios superó incluso las estimaciones más optimistas de los analistas, quienes anticipaban un incremento mensual no menor al 1,7%. Este resultado se enmarca en un escenario de paritarias limitadas, con el Ejecutivo rechazando acuerdos salariales por encima del 1%, y en un congelamiento parcial de las tarifas de servicios públicos, que recién en junio comenzaron a ajustarse por encima de la inflación.
Pero el dato más revelador es la caída del consumo masivo, que ha obligado a los supermercados a contener los precios pese a las presiones de los proveedores. Este fenómeno explica que los alimentos, uno de los rubros más sensibles para la economía familiar, hayan registrado un aumento de solo 0,5% en mayo.
Un índice cuestionado
Pese a la mejora en las cifras, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que elabora el INDEC enfrenta crecientes críticas. No se trata de manipulación política, sino de una metodología basada en una canasta de bienes que data de 2004, cuando los hábitos de consumo eran radicalmente distintos. Hoy, el relevamiento incluye rubros en declive, como diarios impresos o telefonía fija, mientras omite gastos esenciales como los servicios de streaming o la telefonía móvil.
Marco Lavagna, director del organismo, admitió en septiembre pasado que el IPC actual ya no refleja con fidelidad la realidad económica y prometió su reemplazo en un plazo de dos meses. Sin embargo, nueve meses después, el nuevo índice sigue sin materializarse.
La demora genera escepticismo. Fuentes del INDEC explicaron que, si bien los desarrollos técnicos del nuevo IPC —basado en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO) 2017-2018— están listos desde marzo, el Ministerio de Economía aún no ha dado su aval definitivo. El argumento oficial es que se busca evitar cambios metodológicos en "períodos atípicos", aunque la inflación ya muestra cierta estabilidad.
El temor a un recálculo polémico
El Gobierno enfrenta un dilema: si el nuevo IPC arroja cifras más altas, se pondría en duda la validez de los registros anteriores; si, por el contrario, confirma la tendencia a la baja, surgirían sospechas de manipulación. Lavagna insiste en que las diferencias serían mínimas (0,1% o 0,2%), pero centros de estudio como el CEPA advierten que, en un escenario de reestimación, la brecha acumulada podría alcanzar los 10 puntos porcentuales desde enero de 2024.
Mientras tanto, la percepción ciudadana sigue distanciada de las estadísticas oficiales. Según la Universidad Torcuato Di Tella, la inflación "esperada" por los argentinos en mayo fue del 4,2%, casi el triple de lo reportado por el INDEC. La discrepancia refuerza la urgencia de un índice más transparente y acorde a la realidad.
Por ahora, el oficialismo prefiere no mover piezas en un tablero delicado. Pero cada mes que pasa sin actualizar la medición, la credibilidad del sistema estadístico se resquebraja un poco más.