
"La Unión": 40 años de amor, harina y comunidad en Tierra del Fuego
Emilio Sáez, el alma de la panadería más querida de Tolhuin, repasa décadas de historias, incendios y solidaridad en un relato que trasciende lo gastronómico.
Emilio Sáez, el alma de la panadería más querida de Tolhuin, repasa décadas de historias, incendios y solidaridad en un relato que trasciende lo gastronómico.
TOLHUIN.- El aroma a pan recién horneado se mezcla con las risas en La Unión, la panadería que Emilio Sáez levantó de la nada hace cuatro décadas. Lo que empezó con dos bolsas de harina prestadas y un horno "pedorro" comprado en un remate, hoy es un símbolo de resistencia y comunidad en el corazón de Tierra del Fuego.
"Éramos tan pobres y tan chicos...", rememora Emilio, de 71 años, mientras recuerda los inicios en 1985. La falta de recursos no impidió que La Unión se convirtiera en un faro para viajeros y lugareños. Sus churros y chipá —elaborados por manos misioneras que él mismo formó— son leyenda, pero su verdadero secreto es otro: "Esta panadería no es mía, es de todos", repite, citando a un ciclista europeo que una vez le dijo esas palabras.
El incendio que lo cambió todo
En 2019, las llamas devoraron el local. "Dios me lo dio y me lo quitó", reflexiona. Lejos de rendirse, el siniestro desató una ola de solidaridad global: desde Europa hasta Estados Unidos, clientes y desconocidos juntaron 10 mil dólares para reconstruir los pisos. "Fue un acto de amor que no pude rechazar", confiesa. Hoy, con 50 empleados —20 más que antes del fuego—, La Unión expandió su legado: cosecha calafate, produce mermeladas artesanales y hasta vende en el aeropuerto de Ushuaia.
"El confort te mata": la filosofía de un líder
Emilio no se considera "patrón" —rechazó incluso un premio con ese título—, sino "uno más de la tropa". Su método es inusual: alienta a los jóvenes talentosos a quedarse solo dos o tres años. "Es un acto de amor: si no, el confort los mata. La vida está en la calle", explica. Esta filosofía atravesó generaciones, desde mochileros a los que alojó gratis hasta motociclistas que hoy son sus embajadores en el mundo.
Un nuevo proyecto: huevos frescos y charlas junto al lago
Mientras La Unión celebra sus 40 años, Emilio ya mira hacia adelante. En su casa frente al lago Fagnano, prepara una experiencia única para turistas: recolectar huevos de gallinas criadas en un gallinero "top" —con música y calefacción— y cocinarlos en su comedor con vista al agua. "Que se lleven un recuerdo distinto de Tolhuin", dice.
Entre anécdotas —como la vez que un gaucho organizó una "vaquita" para ayudarlo tras el incendio—, Emilio insiste en lo esencial: "Sembramos sin querer y cosechamos esto: gente que vuelve, que abraza". Su historia, como el pan que amasa, sigue creciendo.